¿Haber tenido un enfrentamiento te califica como Instructor?

Instructor de tiro

El advenimiento de la problemática nacional en seguridad pública hizo evidente la falta de preparación o el retraso en la misma en los ambientes de protección personal, protección ejecutiva, seguridad pública y hasta en el adiestramiento que se le proporcionaba a nuestras fuerzas armadas, quienes se dieron cuenta que la capacitación que hasta entonces se recibía en los cuarteles no tenía correspondencia con los conflictos de seguridad pública que ahora están enfrentando.

Con este crudo descubrimiento también brotaron especialistas de varios lugares prestos a proporcionar servicios de entrenamiento relacionado con la seguridad en sus distintos ámbitos, desde temas de prevención de la violencia hasta de protección a funcionarios o especialistas en entrenamiento reactivo de seguridad pública.

Existe una necesidad inmediata de entrenamiento y capacitación en todos los sectores de la seguridad como también desde hace algunos años existen muchas opciones para obtenerla, tantas, que se ha vuelto difícil separar la paja del trigo en un ambiente en el que se paga por recibir información que puede significar la vida o la muerte de la gente que es entrenada y de la gente protegida por los que son entrenados.

En México es común ver a extranjeros, militares retirados, ex-policías y otros especialistas ofrecer cursos de tiro defensivo, protección a funcionarios, protección personal y otros temas afines de la seguridad personal, ejecutiva, pública y privada, y que tienen en un discurso en común, algo por el filo de “somos la mejor opción” y “entrenamiento en escenarios reales”, respaldándose la mayoría en sus experiencias como operadores de alguna unidad especial de las fuerzas armadas o de la policía.

La pregunta que me hago es ésta: ¿tener experiencia operativa equivale ser capaz de transmitirla correctamente para formar personal o es sólo una parte de lo que se requiere para instruir personal de manera adecuada?

Comencemos por los efectos que el estrés de una situación de peligro tiene en el cuerpo humano. Este tema ha sido bastante estudiado por gente como Alexis Artwohl, Dave Grossman, Loren Christensen y otros más. Ellos, y otros más, han comprobado que cuando se está en una situación de peligro el cuerpo humano sufre de efectos físicos y perceptivos que alteran la forma en la que nos comportamos y la manera en la que percibimos lo que pasa, siendo los más comunes la disminución de sonidos, visión de túnel, distorsiones en la percepción del tiempo y en la mitad de los casos estudiados por Artwohl, perdida de memoria en algunas partes del evento y dificultad para recordar algunas de las acciones que realizó la persona que se defendió (A. Arthwohl en Deadly Force Encounters, mencionado por D. Grossman en On Combat).

Estos datos, obtenidos a través de estudios con rigor científico y validados por instituciones como el Force Science Institute, demuestran de forma objetiva que una persona experimenta o recuerda de una situación de enfrentamiento –y en lo que algunos instructores construyen su credibilidad- puede no ser exactamente lo que haya ocurrido o ser completamente irrelevante para los efectos de instrucción y formación de personal de protección.

¿Esto significa que es irrelevante que alguien tenga experiencia real? Para nada y el objetivo de este escrito no es descalificar a quienes han sobrevivido un enfrentamiento, sino de poner en un contexto funcional, objetivo y aplicable esas valiosas experiencias.

Muchas de las técnicas defensivas que han dado resultado en distintos ambientes, ya sea el militar, policial o de protección personal, se han desarrollado a partir de una combinación de evidencia subjetiva (la que provee el sujeto que sobrevivió a un evento) y de evidencia objetiva, plasmada en videos, pruebas balísticas, biología, anatomía y fisiología, además del estudio de las técnicas y tácticas usadas por los agresores. En este sentido, me comentaba hace un tiempo de manera informal un Mayor de Infantería, el Ejército Mexicano ha constituido “Comités de Lecciones Aprendidas” en las que se analiza la forma en la que nuestros soldados han sido atacados por la delincuencia organizada en los últimos años para dilucidar, entre otras cosas, cómo modificar el adiestramiento que se le proporciona a los integrantes del instituto armado.

Por el contrario, en los ambientes policiales y de protección personal, no existen este tipo de comités o de estudios, por lo que cuando alguna institución de seguridad pública o empresa de seguridad privada contrata servicios de capacitación o una persona particular busca entrenamiento, el proceso de selección de instructores suele reducirse a recomendaciones de terceros, una leída al currículum del instructor y usualmente una o dos juntas con él, con lo que se le da luz verde al entrenamiento y con esto a un desembolso de dinero que bien puede ser una puesta de azar.

Mucha gente (los responsables de contratar la instrucción) suelen buscar experiencia operativa en los instructores que contratan. Este rasgo, si bien es deseable es un instructor, no debería ser fundamental para contratarlo, pues dice de dónde viene y qué hizo, pero haber hecho algo no es sinónimo de ser bueno en eso mismo –el papel aguanta todo- ni mucho menos de saber cómo enseñar a hacerlo o de estar actualizado en el tema, ya que las formas y técnicas no eran las mismas hace 15 años.

He tenido la oportunidad de convivir y entrenar bajo a la dirección de excelentes instructores mexicanos y de otros países que han sangrado por nuestra bandera y por la de otros, estos instructores suelen revisar lo que hacen, desmenuzarlo de forma objetiva y compartir sus experiencias con otros instructores para buscar opiniones objetivas sobre la funcionalidad y aplicación real de lo que desean enseñar. Por el contrario, también me ha tocado entrenar bajo la dirección de gente con que a pesar de tener toda la experiencia del mundo en enfrentamientos, carece de todas las habilidades requeridas para enseñar lo que hacen, lo que degenera peligrosamente técnicas y tácticas de película que son completamente ineficientes en contextos reales. En este aspecto, cuando trabajé para la Academia Regional de Seguridad Pública del Centro que depende de la Policía Federal, me tocó ver cómo un instructor (que tuvo varios enfrentamientos) enseñaba tiro básico con marcadoras de gotcha sin órganos de puntería, que enseñaba técnicas de cacheo y esposamiento en sus cursos de tiro básico y que decía que la técnica Sul había sido inventada por un argentino con el que había "entrenado" personalmente.

De esta misma manera, me ha tocado entrenar con gente de mucho conocimiento, como Rob Pincus, quien desarrolló uno de los mejores programas de tiro defensivo que existen y que ha sido aplicado con éxito por algunas unidades de operaciones especiales en los enfrentamientos urbanos en Irak y Afganistán. Pincus nunca ha tenido un enfrentamiento armado y a pesar de eso su programa de tiro es efectivo en situaciones reales. El Teniente Coronel Dave Grossman, un Ranger y Psicólogo, escribió lo que es hasta ahora uno de los mejores tratados sobre la forma de quitar vidas en una situación de enfrentamiento. Es asesor de este tema en varios países y ha entrenado a la elite de las fuerzas de operaciones especiales de varios países en este tema. Grossman nunca ha quitado una sola vida y nunca ha tenido un enfrentamiento, sin embargo, muchos soldados, policías y ciudadanos han sido entrenados exitosamente por él.

La siguiente es una propuesta para filtrar instructores de tiro defensivo,

  • No se deslumbre por los logros laborales o puestos anteriores del instructor, puede haber sido Dios en el trabajo anterior y eso es una gran referente, pero no significa que sepa cómo transmitir la información que sus alumnos requieren para lograr el mismo potencial.
  • Al revisar el Currículum de un instructor, busque evidencia de que haya realizado algún curso de Formador de Formadores o de Técnicas de enseñanza ya que saber hacer las cosas es una parte del proceso de enseñanza aprendizaje, pero saber cómo transmitir el conocimiento que se tiene es esencial.
  • Pregúntele su opinión sobre algún atentado a policías o a personas que se haya dado recientemente, qué opina, en dónde cree que estuvo la falla, qué se debe mejorar y cómo hay que hacerlo para evitar que esos incidentes sucedan de nuevo. Eso le dará luz sobre el interés de instructor en eventos actuales, y su capacidad de análisis y solución de problemas prácticos.
  • Pregunte cuando fue la última vez y en dónde tomó un curso de actualización en la materia para la que pretende contratarlo. Tome en cuenta que el tiro es un ente que evoluciona todos los días.
  • Pregunte cuándo fue la última vez que tomó un curso de desarrollo de instructores que no tuvo que ver con disparar un arma de fuego.
  • “¿Qué opinas de la legítima defensa y cómo la incorporas en tus entrenamiento de tiro?” Esta pregunta es primordial para saber si el instructor está consciente de que cuando los tiradores usen su arma de fuego, deberán responder por sus acciones. El instructor que los prepare para usar la fuerza, también debe prepararlos para justificar sus acciones. No basta con salir vivo de un enfrentamiento, hay que salir libre también.
  • Pregúntele a gente respetada en el medio si tienen referencias de él y qué opinan de su trabajo.
  • Revise a quienes ha entrenado con anterioridad, el reto y el conocimiento que se debe tener para entrenar a policías de un municipio pequeño no es el mismo que el de entrenar a las Fuerzas Especiales del Ejército, una unidad de operaciones especiales de la Policía Federal, a la seguridad de empresarios como Carlos Slim y Miguel Alemán o haber trabajado con el Estado Mayor Presidencial. Recuerde que todo es relativo y que en tierra de ciegos, el tuerto es Rey.
  • Probablemente la pregunta más importante es ésta “¿Qué has cambiado de tu técnica de tiro en los últimos 10 y 5 años? ¿Qué enseñabas hace 10 y 5 años que ya no enseñas ahora y por qué?” Esta pregunta puede desenmascarar a la gente que vive de glorias pasadas pero que no se ha actualizado en lo que enseña y puede revelar a un instructor preocupado por la actualización constante en favor de sus alumnos.

La preparación que uno debe recibir en tiro debe ser universal. El instructor no sólo debe saber cómo tirar, debe conocer de legítima defensa, de técnicas de enseñanza, de manejo de grupos, ser líder, conocer de física, mecánica, biomecánica, anatomía, matemáticas, balística, preferentemente hablar otro idioma y tener armas –y practicar con ellas- (parece ilógico, pero en México hay cientos de instructores que ni armas tienen, mucho menos disparan para practicar lo que enseñan.

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